martes, 16 de noviembre de 2010
Prólogo
- Cerrad los ojos y decidme qué veis.- me susurró al oído.
- No veo nada...- contesté sinceramente.
- Ahora abrid vuestro corazón, volved a mirar.
- Sigo sin ver nada...- insistí.- ya te dije que mi corazón es etéreo.
- No seáis testaruda, algo tenéis que sentir.
- Sí, tienes razón, algo siento. Siento que os quiero más que a mi vida.- dije sonriendo.
- No podéis quererme tanto si no sois capaces de ocupar vuestra mente con lo que vuestro corazón siente.- su voz sonaba algo triste, parecía decepcionado.
Después de un corto pero intenso silencio, él había optado por mirar al infinito intentando pensar en otra cosa así que pensé que era el momento para darle una explicación de lo que veía.
- Todo el tiempo mi corazón ha estado ocupado, mi sentimiento es puro, por lo tanto también etéreo y sincero. Vos sois el eje de mis sentimientos, el que altera mi razón... Os amo en cuerpo y alma. Ahora os toca decirme vos qué veis.
- Veo que la perfección ha decidido materializarse y adquirir forma humana. Yo os veo a vos, amada mía, vos lo sois todo.- me contestó sonriendo mientras me abrazaba tiernamente.
Así pasamos el resto de la noche, contemplando las estrellas mientras me besaba cariñosamente por el cuello.
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