Cuando me encuentro con mis amigas las saludo con una sonrisa, llegamos a clase y no paramos de reírnos, en parte creo que esto se debe a que hacemos demasiadas tonterías... Pero el caso es, que cuando me separo de ellas y llego al piso, sigo sonriendo. Hablo con mis amigas/compañeras de piso y después de dormir la siesta me dedico a estudiar. No puede faltar que por la noche tengamos la tertulia sobre la programación televisiva.
Y ahora es cuando me pregunto, ¿qué sería de mi si no estuviera siempre sonriendo? ¿Sería yo? ¿Tendría las mismas amigas? Cierto es que probablemente si no fuera como soy (un poco loca, tontica y de risa fácil y contagiosa) tampoco tendría la vida que tengo. Y sería una lástima. Porque me gusta la gente de mi entorno, me gusta escribir (de madrugada sobretodo) y me gusta saber que alguien lo está leyendo. Y me complace compartir este pensamiento contigo, querido lector.
Gracias por leer los desvaríos de esta adolescente con insomnio.
La próxima entrada será diferente. I promise.
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