viernes, 30 de marzo de 2012

Hoy.

Tengo en mi mano el poder para cambiar el mundo. ¿Por qué no lo hago entonces? Simplemente porque si lo hiciera, los gobiernos dejarían de ganar dinero, los militares se quedarían en paro, la Iglesia no tendría a quién sermonear (no en el mal sentido de la palabra, sino porque en misa se da el sermón) sobre no ser egoístas y ayudar a los demás, los misioneros no harían misiones pues no harían falta...
Todos tenemos el poder de cambiar la situación actual, pero hablar sobre soluciones no arregla nada. Lo que resuelve un problema es pasar a la acción.
Ellos lo hacían. ¿Nosotros, por qué no?

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