Anoche me vestí con ropa ligera, de esa que sólo te pones para salir, me coloqué los tacones que me hacían ganar 10 cm más y me fui de fiesta con mis amigas. Bueno, en realidad, algunas no eran muy amigas pero qué más da, íbamos a pasarlo bien.
Al principio la noche no parecía prometer una velada inolvidable, y menos aún la interminable espera que tuvimos que soportar para que las "alcoholicas" se tomaran su botellita... En fin, cuando todo parecía que iba a ser aburrido, entonces tuvimos la genial idea de entrar en aquel sitio y sentarnos, pasando de todo lo que estropeaba nuestra perfecta velada.
Y fue así como la casualidad o el destino, como prefieras llamarlo, nos sumergió en un mundo de bailes, risas y complicidad. Ese momento no lo cambio por nada, salir con tus verdaderas amigas y no poder parar de reírte es una sensación fantástica.
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